¿Se debería convocar a elección de Presidente y Vicepresidente de la República, en caso de doble acefalía política?

Escrito por Ana Leydis Jiménez de Molar. Politóloga y escritora.

El pueblo paraguayo sigue solicitando la renuncia del presidente Mario Abdo Benítez y vicepresidente Hugo Velásquez. ¿Si tomamos como situación hipotética, que debería accionarse teniendo en cuenta que tenemos un sistema democrático representativo y emana de nuestra Constitución de 1992?

El artículo 234 de la Constitución establece: De la acefalía. En caso de impedimento o ausencia del presidente de la República, lo reemplazará el vicepresidente, y a falta de éste y en forma sucesiva, el presidente del Senado, el de la Cámara de Diputados y el de la Corte Suprema de Justicia.

El vicepresidente electo asumirá la presidencia de la República si ésta quedase vacante antes o después de la proclamación del presidente, y la ejercerá hasta la finalización del periodo constitucional.

Si se produjera la vacancia definitiva de la Vicepresidencia durante los tres primeros años del periodo constitucional, se convocará a elecciones para cubrirla. Si la misma tuviese lugar durante los dos últimos años, el Congreso, por mayoría absoluta de sus miembros, designará a quien debe desempeñar el cargo por el resto del periodo.

Nuestra Carta Magna prevé en el primer inciso, la falta conjunta y simultánea del presidente de la República y del vicepresidente; y a fin de impedir la acefalía del Poder Ejecutivo, establece un orden de sucesión aplicable a los supuestos de vacancia temporal o definitiva.

La Constitución no manifiesta la celebración de comicios para elegir al presidente de la República en caso de ausencia coexistente y definitiva del presidente y del vicepresidente, sino únicamente el orden de sucesión mencionado, siendo de carácter obligatorio, no permitiendo maniobras de otra índole.

A1 producirse la vacancia definitiva y sincrónica del presidente y del vicepresidente, debe aplicarse dicho orden de sucesión, accediendo a la titularidad del Poder Ejecutivo, el presidente del Senado, o el de la Cámara de Diputados o el de la Corte Suprema de Justicia, en el orden establecido y hasta la finalización del periodo constitucional.

Lo cierto es que con esta línea de sucesión y sea cual fuere quien asuma la presidencia, estaremos ante un panorama similar al actual. Ninguna de estas tres personas, ni Oscar Salomón, ni Cesar Diesel, representan el cambio que esta demandando el pueblo paraguayo. Además, se mantendrían intactas las bases que sostienen la corrupción que son el Poder Legislativo, por un lado, y el Poder Judicial, por otro.

Así pues, ninguna disposición exige nueva elección del presidente de la República en caso de acefalía, por lo que, si nos guiamos por esta norma, todo el esfuerzo que está realizando los ciudadanos y ciudadanas quedaría en el tintero.

Sabemos que el 230 de la Constitución ordena que el presidente y el vicepresidente serán elegidos conjunta y directamente por el pueblo, en elecciones generales que se realizarán entre noventa y ciento ochenta días antes de finalizar el periodo constitucional, estamos ante un mandato de carácter general aplicable para situaciones normales, es decir, cada cinco años.

La norma de carácter especial y concreta, que se ajusta a los casos de acefalía, la encontramos en el artículo 234.

La única figura elegible según el artículo estudiado, el 234 de la Constitución, es la del vicepresidente, mencionando como sigue: Si se produjera la vacancia definitiva de la Vicepresidencia durante los tres primeros años del período constitucional, se convocará a elecciones para cubrirla.  Si llegado el caso, sucediera este proceso, tampoco nos solucionaría la situación desastrosa y calamitosa en la cual está sometido el país.

Tenemos exceso de corrupción, instituciones que no funcionan, una justicia comprada, un poder legislativo que legisla para los intereses de una minoría, un sistema sanitario moribundo, así como el sistema educativo, una población ahogada por las deudas y la falta de trabajo, vamos, que el hartazgo es generalizado y para solucionar esta situación es necesario desmantelar todos los agentes políticos que hicieron de la corrupción un arma de doble filo, porque ayer se enriquecieron, pero hoy, les puede cortar la cabeza.

Entonces, ¿que nos queda por hacer como sociedad? ¿Cómo afrontar esta situación que nos tiene colapsados? ¿Qué papel deberían cumplir los movimientos y partidos políticos con escasa o nula representación parlamentaria, que, por cierto, son muchísimos y algunos llevan 20 años o más en la arena política?

Me detengo en la última pregunta porque considero que los partidos con poca o nula representación disponen de una oportunidad única para unirse bajo una única bandera, la paraguaya. Esta situación les viene dada en bandeja de plata, la posibilidad de organizarse en un gran frente popular, bajo la forma jurídica electoral de la concertación de caras a las elecciones generales del 2023.

Si bien es cierto que están separados, deberían unirse en torno a programas y planes de desarrollo sociales, políticos y económicos, con la finalidad de cambiar la suerte de esta nación que ha venido siendo castigada desde los inicios de su historia.

¿La pregunta es si serán capaces de dejar de lado sus propios egos, miedos y cinismos para afrontar este desafío que hoy se presenta? ¿Dejaran al pueblo a su libre albedrío o tomarán el timón para darle un giro a nuestra suerte?

Les recuerdo a todos los actores políticos, pequeños y medianos, ya sean independientes o no, que en el año 1999 tuvimos una experiencia similar por otras circunstancias, aún más graves, y si no recuerdo mal, desde aquella época solo hemos ido de mal en peor, bajo el dominio el partido único. Por eso, ya es hora de inducir que nuestra democracia sea real y efectiva.

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