¿Qué modelo de desarrollo económico necesitamos?

Hoy tenemos la obligación de replantear y consensuar el modelo de desarrollo que más conviene al país. Debemos generar propuestas propias para pasar de una economía agraria a una sociedad del conocimiento.

Paraguay es al cuarto exportador de soja, y le sigue la ganadería, la mayoría de los grandes sojales así como los frigoríficos exportadores están en manos extranjeras.

Hay que tener en cuenta la tendencia al déficit comercial, porque las importaciones superan a las exportaciones, además lo que compramos es mucho más caro de lo que vendemos.

¿Por qué? Porque somos agroexportadores, pero compramos maquinarias, pesticidas, autos, petróleo, productos tecnológicos que son más caros que la soja, el maíz, el trigo o la carne.

No tenemos industrias, a excepción de las maquiladoras que se sitúan en la frontera con Brasil. Del total de 212 empresas, el 60% son brasileñas que son atraídas por los bajos costos, como la mano de obra y el IVA que solo pagan en 1 %.

Si bien es cierto que da empleo a más de 18 mil personas, también es cierto que promueve limitada complejidad económica porque no alcanza al interior del país, por situarse en la frontera.

¿Pero qué tenemos nosotros para mejorar Paraguay?

El potencial de producción de energía de las binacionales es muy grande. En 2016 Itaipú alcanzó un récord mundial en producción de 103.000 GVH, y la mitad correspondía a Paraguay. Con esa producción se puede abastecer casi 7 veces a Paraguay en un año, pero esa energía se vendió a Brasil.

Hay que tener en cuenta que nuestra demanda interna de consumo de energía aumenta cada año y se estima que en 2040 vamos a alcanzar la capacidad instalada, eso quiere decir que ya no se podrá vender energía a Brasil y dejaremos de recibir rentas de Itaipú.

Como país tenemos grandes desafíos que superar si queremos alcanzar niveles óptimos de bienestar.

Debemos formar mano de obra preparada y crecer infraestructuras de calidad, porque nuestras rutas están en pésimas condiciones. El sistema educativo está igual de desastre, porque solo el 10% de universitarios se gradúan y peor aún no encuentran trabajo, después.

Nuestro gobierno recibe entre 450 y 600 millones de dólares cada año de Itaipú, lo cual se puede utilizar para invertir más en educación y creación de infraestructuras eficientes.

Pero, además, es urgente implementar políticas integrales para aprovechar el excedente de energía que disponemos hoy.

En los próximos años podemos utilizar nuestra energía para construir centros tecnológicos e industriales verdes. Podemos construir centros procesamientos de datos que requieren energía segura para su funcionamiento, eso traería al país fuentes de empleo altamente cualificada y duradera.

Podemos ser fabricantes de baterías de litio para abastecer el gran mercado de autos eléctricos, aprovechando el cobre y litio que posee Bolivia o Chile, y el aluminio de Brasil para ensamblar las baterías en Paraguay.  Se cree que para el año 2040 habrá cerca 530 millones de vehículos eléctricos en el mundo.

La energía eléctrica es el futuro inmediato y nosotros tenemos sobradamente para explotar y usarlo en beneficio del desarrollo de nuestro país mediante industrias sostenibles y sustentables.

Itaipú no solamente significa renta. Estamos acostumbrados a recibir unos cuantos millones, pero es hora de cambiar esa práctica, necesitamos desarrollar el país en todos los sectores, y para ello podemos usar la energía total de Itaipú que nos corresponde antes de que lleguemos a consumir el total del 50% que nos corresponde.  

Pero con los actuales políticos es impensable, por eso necesitamos crear una alternativa política nueva, uniendo a las organizaciones civiles y políticas que desean hacer una política diferente.

Autora: Ana Leydis Jiménez de Molar. Politóloga y escritora. Presidenta de Katuete

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