LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA: un espacio que espera ser conquistado por las mujeres

Escrito por Ana Leydis Jiménez de Molar

Históricamente y a nivel mundial la participación política de las mujeres se produjo de forma tardía por varios factores que lo impedían.

Si nos remontamos en la antigua Roma las mujeres no tenían plena capacidad de obrar, eso implicaba que no podían decidir en los aspectos familiares, sociales y menos aún en lo político, su estatus jurídico estaba igualado al de los menores de edad.

Con el paso del tiempo esa condición fue cambiando. En cuanto a la participación política, concretamente el sufragio activo femenino se reconoce por primera vez en Nueva Zelanda en el año 1893 gracias a un movimiento liderado por una mujer, Kate Sheppard.

En América Latina llegaría mucho más tarde, y sería Uruguay el primer país en el cual se produce sufragio femenino en el año 1927, en un plebiscito un pueblo llamado Pueblo Chato.  Sin embargo, sería en el año 1932 que estarían habilitadas por Ley para votar en elecciones nacionales, siendo que se hace efectivo en el año 1938.

Paraguay tardó unos años más para reconocer el derecho al sufragio femenino, y se concretó en el año 1961, bajo un gobierno dictatorial que cede el espacio a las mujeres a votar en elecciones amañadas, por lo tanto, el ejercicio del derecho de las mujeres y también de los hombres fue relativo. El año de participación plena en cuanto al sufragio activo se produciría en el año 1992.

Debido al régimen dictatorial que imperó desde el año 1954 hasta las 1989 escasas fueron las demandas para que las mujeres participaran en el espacio político. Recién después de la caída de la dictadura Stronista se inician los reclamos por la participación política en el poder.

Desde 1990, las demandas de participación política de la mujer van en aumento, pero el debate no es fácil y cuesta que se extienda debido a que en Paraguay aún predominaba la cultura política patriarcal, autoritaria excluyente.

Si bien el derecho al sufragio activo llegó bastante tarde, se tardaría aún más en darse las condiciones adecuadas para que una mujer pudiera ejercer el derecho del sufragio pasivo, es decir, el derecho a ser elegida. 

En América Latina y el Caribe son varios los países que ya tuvieron mujeres al frente del ejecutivo, entre ellos Chile, Argentina, Brasil, vecinos muy cercanos de nuestro país.

Mientras tanto en el nuestro se sigue haciendo esperar, si bien es cierto que se tuvo tres intentos de lucha por presidir la presidencia de la República Teresa Notario (2003); Blanca Ovelar (2008) y Lilian Soto (2013), también hay que decir sin obtención de grandes resultados. 

Así pues y teniendo en cuenta los antecedentes históricos se puede decir que el espacio de participación política, sigue esperando a ser conquistado por las mujeres, y digo conquistado, porque el mismo está relacionado con el poder y el poder no es un espacio que regale sino más bien que se conquista, mediante una lucha sin igual.

Está más que claro que es un espacio que está reconocido, pero aún sigue estando vacío, es por eso que supone un gran reto para todas las mujeres paraguayas en particular y a la sociedad en general, porque una democracia sin la presencia de mujeres en las altas esferas de tomas de decisiones es una democracia imperfecta, pero también es cierto que la responsabilidad de ejercer el mencionado derecho recae en cierta medida sobre nosotras mismas.

Si bien hay casos en las que no se posibilitan la participación activa para ser electas, está en nuestras manos la opción de apoyar a aquellas mujeres que deciden luchar por tener un espacio de participación en las tomas de decisiones del Gobierno.

Hoy más que antes existe un llamado generalizado para construir un país diferente, con más justicia en todos los ámbitos sociales, económicos y políticos también y para producir ese cambio de paradigma es necesaria la participación de todos los sectores de la población que históricamente han permanecido menos favorecidos por el sistema, actualmente, ya no existen barreras legales ni políticas que impidan la participación de las mujeres como en décadas pasadas.

Es por eso que queda en las manos de cada una de nosotras transformar esta realidad que nos rodea para mejorar el futuro de todos y todas.

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