El desarrollo humano como medida de éxito de un país

El desarrollo humano es un modelo del desarrollo que va más allá del aumento de las riquezas materiales de un país, pero no por eso, excluye el desarrollo económico.

Se define el desarrollo humano como el proceso de expansión de las libertades, las capacidades y las oportunidades de las que gozan las personas.

 Dicho proceso abarca dos elementos fundamentales:

I) la formación de capacidades humanas, es decir, la expansión de conocimientos y habilidades, y II) el uso de las capacidades adquiridas por las personas para desarrollar actividades productivas, disfrutar de momentos de ocio y participar de actividades sociales, culturales o políticas.

 El desarrollo humano está enfocado en las personas y en los logros que pueden alcanzar cuando amplían sus capacidades y libertades. Para conseguir esos logros el crecimiento económico es indispensable, pero no es suficiente; lo que importa es su contribución al bienestar de las personas.

Por ese motivo el nivel de desarrollo de un país se mide por la calidad de vida y el nivel de bienestar de su población.

Los habitantes de países con mayor nivel de desarrollo humano viven, en promedio, más años, están más educados y lo estarán aún más en el futuro, y perciben ingresos más altos que los habitantes de países con menor nivel de desarrollo humano.

En teoría Paraguay es un país con un índice de desarrollo humano alto y se ubica en la posición 110 entre 189 países.

Conociendo la realidad profunda de Paraguay, este índice de desarrollo humano está muy lejos de reflejar la situación real que tenemos en el país.

Paraguay debe invertir en su sistema educativo, sanitario y servicios básicos como rutas de calidad, desagües y alcantarillados, gestión de residuos,

Además, debe crear puestos trabajos con salarios dignos, pero no solamente eso, también debe resolver los problemas del acceso a las viviendas, la distribución y seguridad en la tenencia de la tierra de tal forma que pueda generar justicia social, equidad e igualdad de oportunidades para todos sus habitantes.

Todo eso puede ser posible si se enfoca la administración pública hacia una gestión eficaz y transparente, desechando las viejas prácticas como la corrupción.

Escrito por Ana Leydis Jiménez de Molar. Politóloga y escritora.

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